Mostrando entradas con la etiqueta "Amorizar" el Mundo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta "Amorizar" el Mundo. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de enero de 2014

EL PAPA ADVIERTE QUE LA MUNDANIDAD ES MÁS SUTIL Y PELIGROSA QUE LA APOSTASÍA ABIERTA

En una reciente homilía el Papa Francisco nos pone a los católicos sobre aviso sobre uno de los mayores males del mundo actual. Vale la pena leer y releer el siguiente escrito que copiamos de Infocatólica.com (17-01-14).
El don de ser hijos de Dios no se puede «vender» por un malentendido sentido de la «normalidad» que conduce a olvidar su Palabra y a vivir como si Dios no existiese. Es la reflexión que Papa Francisco ha propuesto esta mañana durante la homilía de la Misa presidida en Casa Santa Marta. La tentación de querer ser «normales», cuando se es hijos de Dios. Que en sustancia quiere decir ignorar la Palabra del Padre y seguir una palabra solo humana, la «palabra de la propia voluntad», eligiendo, en cierto modo, vender el don de la predilección para sumergirse en una «uniformidad mundana».
Esta tentación la tuvo, el pueblo judío del Antiguo Testamento, más de una vez, recuerda el Papa, que se ha detenido en el episodio propuesto por la liturgia, tomado del primer Libro de Samuel. En este, los jefes del pueblo piden al mismo Samuel, muy mayor ya, que establezca para ellos un nuevo rey, pretendiendo, de hecho, autogobernarse. En ese momento, observa el Papa, el «pueblo rechaza a Dios: no solo no escucha la Palabra sino que la rechaza». Y la frase reveladora de este distanciamiento, destaca el Papa, es la pronunciada por los ancianos de Israel: queremos un «rey juez», porque «así seremos como el resto de pueblos». Es decir, observa el Papa, «rechazan al Señor del amor, rechazan la elección y buscan el camino de la mundanidad», como muchos cristianos hacen hoy.
Alejarse de la uniformidad mundana
«La normalidad de la vida exige del cristiano la fidelidad a su elección y no venderla para ir hacia una uniformidad mundana. Esta es la tentación del pueblo, y también la nuestra. Muchas veces, olvidamos la Palabra de Dios, lo que el Señor nos dice, y tomamos la palabra de moda ¿no? También la de la telenovela está de moda, tomemos esa ¡es más divertida! La apostasía es el pecado de la ruptura con el Señor, pero es clara: la apostasía se ve claramente. Esto es más peligroso: la mundanidad, porque es más sutil».
«Es verdad que el cristiano debe ser normal, como normales son las personas», reconoce Papa Francisco, «pero, insiste, hay valores que el cristiano no puede tomar para sí. El cristiano debe retener sobre sí la Palabra de Dios que le dice: ‘Tú eres mi hijo, tú eres elegido, yo estoy contigo, yo camino contigo'». Resistiendo por tanto la tentación, como en el episodio de la Biblia, de considerarse víctimas de «un cierto complejo de inferioridad», de no sentirse «un pueblo normal».
Corazón endurecido
«La tentación llega y endurece el corazón y cuando el corazón es duro, cuando el corazón no está abierto, la Palabra de Dios no puede entrar. Jesús decía a los de Emaús: ‘Necios y lentos de corazón'. Tenían el corazón duro, no podían entender la Palabra de Dios. Y la mundanidad reblandece el corazón, pero mal: ¡nunca es bueno tener el corazón blando! Lo bueno es el corazón abierto a la Palabra de Dios que la recibe. Como la Virgen, que meditaba todas estas cosas en su corazón, dice el Evangelio. Recibir la Palabra de Dios para no alejarse de la elección». Pidamos entonces, concluye el Papa Francisco, «la gracia de superar nuestros egoísmos: el egoísmo de querer hacer mi voluntad, como yo quiero».

«Pidamos la gracia de superarlos y pidamos la gracia de la docilidad espiritual, es decir abrir el corazón a la Palabra de Dios y no hacer como hicieron nuestros hermanos, que han cerrado el corazón porque se habían alejado de Dios y desde hace tiempo no escuchaban y no entendían la Palabra de Dios. Que el Señor nos dé la gracia de un corazón abierto para recibir la Palabra de Dios y para meditarla siempre. Y desde allí tomar el verdadero camino».

martes, 3 de enero de 2012

LA FAMILIA CRISTIANA DEL SIGLO XXI

La fecundidad ha padecido un desmoronamiento en muchas regiones, especialmente allí donde las riquezas son abundantes. La plaga del divorcio se extiende en países de larga tradición cristiana. El aborto hiere profundamente el alma de los pueblos y las conciencias de las personas. Las "uniones de hecho" constituyen un grave problema social cada día más extendido. Leemos en uno de los correos que nos llegan diariamente.

Casí, casi, nos habían convencido de que el hombre se basta a sí mismo para ser feliz: estudias una carrera o aprendes un oficio; con tu primer trabajo empiezas a ganar dinero, compras tu primer coche, no te metas en líos y a disfrutar de la vida al hilo de los tiempos ¿nada más? Puede que haya otras formas de vivir, pero… ¡¡Carpe diem!! En paralelo, no faltan mercaderes de voluntades que, convencidos de que todo aquello de justicia social es literatura de otro tiempo, hacen carrera volviendo patas arriba todo lo que huele a trascendente responsabilidad: piensa en ti, da libertad a tus instintos y todo lo demás se te dará por añadidura, sobre todo en aquello que se refiere a la libertad sexual ¿qué todo debe seguir un orden? Pamplinas…. Lo peor de todo es que nunca reconocerán su fracaso en la búsqueda de una mínima tranquilidad de conciencia; es así como crece y crece, el relativismo y la pérdida del afán de superación, con la consiguiente entronización de lo facilongo y estéril, sobre todo en cuestión de relaciones sexuales.

Es una situación que Mons. Angelo Scola, Patriarca de Venecia, describe de la siguiente manera en un reciente libro suyo:

"Universalismo científico y politeísmo neo-pagano explican la extrema facilidad con que una cultura andrógina se difunde cada vez más.

Según esta cultura la diferencia sexual no es, como afirma la psicología del profundo, insuperable e indeducible. Al contrario, llegará (y no tardará mucho) el día en el que cada hombre podrá elegir según su gusto su propio sexo o pasar en el arco de la misma existencia, de un sexo a otro. Las "biotecnologías" harán todo eso técnicamente posible... y en la ausencia total de valores de referencia desde el politeísmo neo-pagano, tenderá a transformar lo que "tú puedes" en lo que "tú debes".

El androginismo no es solamente la delirante búsqueda de la utopía de una autosuficiencia sexual que se basta a si misma, sino que... se revela como la negación misma de la autodonación fecunda.

Así que el androginismo... tiende a pervertir los tres aspectos del misterio nupcial (diferencia sexual, don de sí, fecundidad)... (propalando) un "erotismo difusivo".

La revolución sexual ha acercado al nivel de las masas una práctica de la sexualidad que entremezcla elementos libertinos y elementos románticos.

El otro, su cuerpo, es reducido a una pura maquina que permita el acceso al fuego del placer. Sobre todo la mujer, en su ser símbolo eminente del Otro, es anulada. La afección... es tratada como una enfermedad mortal contra la cual no hay ninguna defensa. El resultado es una desconstrucción radical de la esfera del amor y un demudamiento del misterio nupcial".

¿Quiere ello decir que sigue siendo posible lograr una razonable felicidad humana sin los atajos  que sugieren los ecos de la selva? Por supuesto que sí: la prueba la encontramos en no pocas familias cristianas, jóvenes familias cristianas, que no consideran tragedia, por ejemplo, el tercero o cuarto hijo que llega sin esperarlo pero que, por cuestión de amor y derecho natural, es reconocido como una bendición.

Nos gusta creer que todo eso de amor fácil o placer sin reservas perderá progresiva atracción entre buena parte de los jóvenes más responsables  para dar paso a la ilusión y compromiso serio por  construir una familia en plenitud y con vocación de trascendencia a la sombra del testimonio de Amor y Libertad que desprende la Cruz. 

martes, 6 de septiembre de 2011

LA BELLEZA, CAMINO HACIA DIOS

El verdadero artista busca el más allá de lo que ven sus ojos  o perciben sus oídos: se deja arrastrar por el ansia de plenitud hasta el punto de que puede llegar a “maquillar” genialmente a la propia Naturaleza, en cuanto “no reduce los horizontes de la existencia a la mera materialidad”. Es lo que nos hace ver el Santo Padre Benedicto XVI, para quien el arte es “una puerta abierta hacia el infinito”.  Bien recordamos los españoles sus expresivas palabras al celebrar la Misa en la famosa Sagrada Familia de Antoni Gaudí en noviembre de 2010:  “Al contemplar la grandiosidad y la belleza de ese edificio, que invita a elevar la mirada y el alma hacia lo Alto, hacia Dios, recordaba las grandes construcciones religiosas, como las catedrales del Medioevo, que marcaron profundamente la historia y la fisionomía de las principales ciudades de Europa”.

Fue el beato Juan Pablo II quien, proclamó patrono de los artistas al beato fray Angélico, modelo de perfecta sintonía entre fe y arte. Este arte que, según nuestro actual Santo Padre, en sus diversas expresiones, es un “camino privilegiado” para encontrar a Dios al romper con los límites de la razón humana para perderse en lo ultrasensible e infinito: “Quizás os ha sucedido, nos dice,  que ante una escultura, un cuadro, o algunos versos de poesía o una pieza musical, sentís una íntima emoción, una sensación de alegría, percibís claramente que frente a vosotros no hay solamente materia, un trozo de mármol o de bronce, un lienzo pintado, un conjunto de letras o un cúmulo de sonidos, sino algo más grande”, un algo que “es capaz de tocar el corazón, de comunicar un mensaje, de elevar el ánimo”. Y ello porque una obra de arte “es fruto de la capacidad creativa del ser humano, que se interroga ante la realidad visible, que intenta descubrir el sentido profundo y comunicarlo a través del lenguaje de las formas, de los colores, de los sonidos”.  A través del Arte podemos percibir “la necesidad de ir más allá de lo que se ve por  sed y  búsqueda de lo que nunca muere: es como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano”. En especial, el arte sacro puede ser un “verdadero camino hacia Dios, la Belleza suprema”. “Hay obras de arte que nacen de la fe y que la expresan haciendo “vibrar las cuerdas de nuestro corazón”.  

Así lo siente y lo dice el Santo Padre para quien multitud de “cuadros o frescos, frutos de la fe del artista, con sus formas, con sus colores, con sus luces, nos empujan a dirigir el pensamiento hacia Dios y hacen crecer en nosotros el deseo de acudir a la fuente de toda belleza”.
Son vivencias suyas que nos quiere transmitir y por ello nos invita  a que la visita a lugares de arte “no sea sólo ocasión de enriquecimiento cultural, sino que se pueda convertir en un momento de gracia, de estímulo para reforzar nuestro vínculo y nuestro diálogo con el Señor, para detenerse a contemplar -en la transición de la simple realidad exterior a la realidad más profunda que expresa- el rayo de belleza que nos golpea, que casi nos 'hiere' y que nos invita a elevarnos hacia Dios”.

martes, 19 de julio de 2011

SOLO PECAN LOS TONTOS

Cuando grandes sabios de la antigüedad, sin haber conocido al Cristianismo, sostenían que la verdadera sabiduría consistía en vivir de acuerdo con las exigencias de la propia condición humana, venían a decir que el pecar es una solemne majadería. Seguro que así lo han interpretado grandes santos como Agustín de Hipona cuando, luego de habar pasado por diversas etapas de majadera obsesión, define la razón de nuestro ser y especial vocación con la categórica afirmación de “nos creaste señor para Ti y nuestro corazón vive inquieto hasta que descansa en Tí”. Es como si dijera, ¡qué de tonterías hacemos cuando pecamos y, al precio de poco más que nada, nos alejamos de Dios! ¿Podemos traducirlo por la constatación de que los pecadores somos más o menos tontos en tanto en cuanto más o menos nos alejamos de Dios?.

Recordemos cómo el Maestro nos da una magistral lección de sabiduría divina y, también, humana con su parábola del Rico Epulón, un pobre rico tan corto de cerebro que creía lograr el máximo de la felicidad comiendo como un cerdo y bebiendo hasta agotar sus reservas  ¿no sabía el redomado tonto que los bienes materiales en exceso no producen más que hastío hasta que viene la muerte y nos coge con el pie cambiado? Todo ello mientras que Lázaro, el sabio de la parábola, vive en el amor y la libertad, es decir, en la felicidad asequible a los que ajustan su conducta a la voluntad de Dios. Procura no pecar y, por lo tanto, se esfuerza por entender el sentido de la propia vida: lo poco que llega a saber es, precisamente, lo que más conviene a su propia naturaleza y, por lo tanto, disfruta de la felicidad asequible todos los que, con buena voluntad, buscan lo mejor de lo mejor para sí mismos y el prójimo.

¿De qué te sirve ganar todo el mundo si pierdes el alma? fue la pregunta con la que San Ignacio de Loyola puso a San Francisco Javier en el camino de la verdadera sabiduría. Efectivamente, tal como ha dejado escrito el poeta Leonardo Castellani, “La ciencia más consumada/ es que el hombre en gracia acabe/ porque al fin de la jornada/ aquel que se salva, sabe/ y el que no, no sabe nada”.

jueves, 9 de junio de 2011

Toda religión debe ser un factor de paz, asegura el papa
   Durante su reciente visita a Croacia, en un encuentro en el que participaron representantes de las diferentes religiones presentes en ese bonito país, Benedicto XVI aseguró que toda religión debe ser un factor de paz.
   Si bien de los 4,5 millones de habitantes el 88% son católicos, el pontífice incluyó en el programa de su visita un encuentro con el mundo de la cultura y la diplomacia, al que invitó a los representantes de las diferentes confesiones cristianas, en particular ortodoxos, así como a exponentes judíos y musulmanes. El Papa, que pudo saludarles en el Teatro Nacional Croata, agradeció esta significativa presencia, pues según dijo, “contribuye a recordar que la religión no es una realidad separada de la sociedad”.
   La religión, subrayó, es “un componente” “connatural” de la sociedad, “que constantemente evoca la dimensión vertical, la escucha de Dios como condición para la búsqueda del bien común, de la justicia y de la reconciliación en la verdad”. “La religión pone al hombre en relación con Dios, Creador y Padre de todos, y, por tanto, debe ser un factor de paz”, subrayó.
   Por este motivo, concluyó, “las religiones deben purificarse siempre según esta verdadera esencia suya para corresponder a su genuina misión”. (ZENIT.org)

sábado, 30 de abril de 2011

Nuestro nuevo abogado, el BEATO JUAN PABLO II

Hubo un tiempo en el que los sucesores de Pedro, delegados de Cristo en la Tierra, habían de cumplir con los deberes comunes a todos los soberanos de este mundo: además de Sumo Pontífice de la Santa Iglesia Católica, ejercían de soberanos temporales de los llamados Estados Pontificios. No era nada fácil compaginar lo debido a Dios con las exigencias y tentaciones del poder temporal.
Desde 1870, con Pio IX, hasta nuestro tiempo, con Benedicto XVI, lo del poder temporal queda reducido al músculo Estado Vaticano, lo que quiere decir que el poder de los Papas es esencialmente espiritual. Desde esa fecha, es de justicia reconocer que, cada uno en su estilo, todos los Papas han ejercido como “buenos servidores de los servidores de Dios”.
Buen ejemplo de ello ha sido el Pontificado del ya beato, nuestro entrañable Santo Padre Juan Pablo II: fueron 26 años contagiando fe, amor y libertad a todas las personas de buena voluntad de cualquier lugar del mundo y condición, incluidos los no católicos. Vivía plenamente integrado en el mundo sin sentirse de este mundo con el resultado de ayudar eficazmente al desmantelamiento del llamado “socialismo real” y otros extremismos que están en la mente de todos. Así lo han podido apreciar una buena parte de los cristianos y no cristianos, tomándolo en consideración la Iglesia en su Decreto de Beatificación al afirmar: “Los fieles sintieron y experimentaron que era un hombre de Dios, que realmente ve los pasos concretos y los mecanismos del mundo contemporáneo en Dios, en la perspectiva de Dios, con los ojos de un místico que alza los ojos sólo a Dios”.
El beato Juan Pablo II conocía muy bien los problemas de nuestro tiempo y seguro que los tiene muy presentes ahora, cuando ya disfruta de la bienaventuranza eterna y mantiene línea directa con todos los santos, nuestra madre María y el Santo de los Santos, nuestro Señor Jesucristo ¿Quién en mejor situación que él para servirnos de abogado?
Recordemos que, siempre sonriendo y escuchando, sabía liberarse de lo que estorba para ser mejor cada día, amaba a todos sin excepción, trabajaba por encima de lo que permitían su ancianidad y achaques, tenía la palabra oportuna sobre todo lo que realmente importa y, para mantener continuamente su compromiso de acción hacia el bien de todos nosotros, rezaba.
¿Tendremos reparos en seguir su ejemplo y, más aun, aceptarle como abogado para nuestras relaciones con el Padre?

sábado, 16 de abril de 2011

¿Podemos ser santos tú y yo?

Pues claro que sí: todos nosotros podemos ser santos. Para ello no tenemos más que aplicarnos a lo del día a día sabias recomendaciones de los que hablan con verdad de nuestro papel en el mundo, como, por ejemplo, SS Benedicto XVI, del que repetimos estas esperanzadoras palabras:
¿Qué quiere decir ser santos? ¿Quién está llamado a ser santo? A menudo se piensa que la santidad es un objetivo reservado a unos pocos elegidos. San Pablo, sin embargo, habla del gran diseño de Dios y afirma: “En él – Cristo – (Dios) nos ha elegido antes de la creación del mundo, y
para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor” (Ef 1,4). Y habla de todos nosotros. En el centro del diseño divino está Cristo, en el que Dios muestra su Rostro: el Misterio escondido en los siglos se ha revelado en la plenitud del Verbo hecho carne. Y Pablo dice después: “porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud” (Col 1,19). En Cristo el Dios viviente se ha hecho cercano, visible, audible, tangible de manera que todos puedan obtener de su plenitud de gracia y de verdad (cfr Jn 1,14-16). Por esto, toda la existencia cristiana conoce una única suprema ley, la que san Pablo expresa en un fórmula que aparece en todos sus escritos: en Cristo Jesús. La santidad, la plenitud de la vida cristiana no consiste en el realizar empresas extraordinarias, sino en la unión con Cristo, en el vivir sus misterios, en el hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos. La medida de la santidad vienen dada por la altura de la santidad que Cristo alcanza en nosotros, de cuanto, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida sobre la suya. Es el conformarnos a Jesús, como afirma san Pablo: “En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo” (Rm 8,29). Y san Agustín exclama: “Viva será mi vida llena de Ti (Confesiones, 10,28). El Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Iglesia, habla con claridad de la llamada universal a la santidad, afirmando que nadie está excluido: “Una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios ...siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, a fin de merecer ser hechos partícipes de su gloria”.
Lo ha dicho el Santo Padre en el Vaticano, durante la Audiencia General del pasado 13 de abril.

lunes, 11 de abril de 2011

La hora de los católicos

Mucha, demasiada, es la tinta que corre sobre los males del momento y muy poca, poquísima, sobre los remedios que, en tantos y tantos casos, depende más o menos de nosotros, los que nos llamamos católicos.
Frente a la falta de lo mínimo para vivir, como lo prueba la muerte por inanición de millones y millones de seres humanos… el pan que no comes pertenece a los que tienen hambre.
Frente a los odios y las guerras sin cuartel… se conocerá que sois discípulos míos en que os amaréis los unos a los otros.
Frente a la desorientación sobre el camino a seguir para no desvariar a la hora de separar el grano de la paja… recordemos cómo, según vemos a nuestro alrededor y corrobora el Apóstol, (Cor. 12, 6-9), “Dios obra todo en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común: Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otor palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro carisma de curaciones, en el único espíritu…
Acuciantes y graves los problemas del momento; ineludible y clara la responsabilidad que a cada uno de nosotros nos corresponde en razón de lo que, tal vez sin merecerlo, hemos recibido ¿a qué esperamos?

domingo, 3 de abril de 2011

¿Para qué hemos nacido y vivimos?

Hemos nacido y vivimos para colaborar en la culminación de la inacabada obra de la Creación: así nos lo nos han apuntado aplicados y pacientes estudiosos de la Realidad, con el inolvidable sacerdote jesuita Teilhard de Chardin (1881-1955) como uno de los más destacados: desde la humildad y generosidad de un apasionado amante de la verdad, Teilhard, sabio de nuestro tiempo, rompió estrechos horizontes académicos formulando conclusiones comprensibles y comprometedoras para otros sabios y, también, para la inmensa mayoría de los legos. Deseoso de que ello significara el dejar atrás la “Era Neolítica” de un pensamiento esclavizado por lo cómodo e insubstancial, escribió en Nueva York un mes antes de morir (marzo 1955):
“Por toda la Tierra, hoy en día, en la atmósfera espiritual creada por la idea de la Evolución, se está desarrollando una situación de extrema sensibilidad hacia dos componentes esenciales de lo Ultra-Humano: el amor de Dios y la fe en el Mundo. Son dos componentes esenciales que “flotan en el aire” de cualquier rincón del mundo; por regla general, todavía son apenas perceptibles y rara vez se dan juntos en un mismo sujeto, aunque en mí, por pura suerte (temperamento, formación, medio familiar y social...) ya se ha producido una espontánea y equilibrada fusión de uno y otro, muy débil para salir al exterior, pero suficiente para mostrar que, un día u otro, es posible su explosión con una subsiguiente reacción en cadena. Ello prueba que, para la Verdad, basta que esa conjunción del amor de Dios y la fe en el Mundo tenga lugar en un solo espíritu para que, en el momento dado, nada pueda evitar que todo lo invada y todo lo inflame”
¿No es ello una elocuente muestra de que el nacimiento y vida de todos y cada uno de nosotros deben y pueden significar precisos eslabones en la cadena hacia el progreso en todos los órdenes?

miércoles, 30 de marzo de 2011

El valor de ser cristiano

No es muy difícil ser cristiano, si desconfiamos de nosotros mismos y procuramos seguir los pasos de nuestro Hermano Mayor, el Hijo de Dios, que todo lo hizo bien, cosa que se dice pronto, pero que, como primera medida, nos exige amarnos los unos a los otros como El nos ama.
¿Lo has logrado? ¿de verdad que sí? Entonces, puedes hacer lo que quieras con la seguridad de que todos tus trabajos servirán para tu bien.
Bien es verdad que en estos nuestros tiempos abundan los teorizantes del todo vale, aunque ello nos degrade al nivel de los brutos: como dice José Luis Restán: Son tiempos hoscos para la libertad religiosa y todavía domina la cultura hija del 68, con sus experimentos de ingeniería social y su pretensión de arrumbar al cristianismo al desván de la historia. Lo dijo claramente Benedicto XVI en su reciente viaje a España: en esta Europa de las luces ha prendido la idea de que Dios es enemigo del hombre y de su libertad. Por eso la reacción dialéctica, la trinchera, es una tentación comprensible, pero que conduce a la amargura y la esterilidad. El Papa ha marcado una ruta clara para esta estación histórica: acompañar al hombre en su búsqueda dramática de la plenitud de su vida. Mostrar, a través de obras visibles, cómo la fe sale al encuentro de las preguntas y deseos del hombre, y los responde. Ahí se enclava, cordial y apasionadamente, el proyectado Encuentro Madrid 2011.
Claro que mucho más luminosa es la verdad de que estamos en este mundo para hacerlo más humano, es decir más cristiano, lo que implica que cada uno de nosotros debe poner al servicio de los demás sus personales capacidades, según nos recomendó el Apóstol Pablo (Rom. 12, 6-8): “teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámosle en la medida de nuestra fe; si es en el ministerio, en el ministerio; la enseñanza, enseñando; la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad”.
¿Verdad que, si aplicamos la fórmula de San Pablo (cristiana al cién por cién, el mundo sería mejor y nosotros más felices en cuanto hacemos lo que podemos y debemos hacer en razón de los dones que hemos recibido?