domingo, 9 de octubre de 2011

Bautizado europeo ¿eres, realmente, cristiano?

Has recibido el bautismo, pero no eres cristiano. Pero ¿hay acaso cristianos que no hayan recibido el Bautismo? San Sócrates, ruega por nosotros”. Lo escribió el humilde y valiente sabio Erasmo de Rotterdam en el siglo XVI: ¿no creéis que habría dicho lo mismo, quinientos años más tarde, en este relativista, acomodaticio y desconcertado siglo XXI, en el que diríase que la Europa oficial, la que ya no es nuestra Europa, se avergüenza de sus raíces cristianas e incurre en un vergonzante relativismo?

Es un  relativismo que nos lleva a una especie de retrógrado  individualismo que pretende disimular su empobrecimiento  y sacudir sus complejos egoístas  con la costra de lo que llaman respeto ideológico y que no es más una moderna forma de  "tolerancia hostil", en la que subyace  la repugnancia o la abierta animosidad  contra  la libertad religiosa.

No es eso lo que desea y predica el Santo Padre,  tal como lo ha dejado muy claro en su reciente visita a Alemania, su tierra natal:  Haciendo valer que  las  religiones positivas son valioso asidero para el desarrollo de la propia personalidad según la voluntad de Dios, Benedicto XVI nos enseña que  Debemos aprender a vivir no unos junto a otros,  sino unos con otros”, lo que significa “aprender a abrir el corazón a los demás, a permitir que nuestros semejantes tomen parte en nuestras alegrías, esperanzas y preocupaciones”. Tanto es así que  la religión, que está centrada en el encuentro del hombre con el misterio divino, está conectada de modo esencial con la cuestión de la paz”.

Siendo, como es, el Cristianismo  una "buena noticia",  es, por demás, la necesaria comunicación interpersonal para un radical cambio de vida en el orden del amor y de la libertad que vienen del Cielo y se refuerza en la Comunión de los santos.  

 El Señor, nos enseña el Papa,  da al ser humano  libertad,  que es un bien muy grande y el origen de muchos males, pero también es el origen de la santidad y del amor. Origen del amor: sólo los seres libres están en condiciones de amar y ser felices. Difícilmente crece el amor donde impera la coacción. Y no hay fidelidad sin la decisión libre y firme de identificarse con la Voluntad de Dios” .
En Berlín y en Erfurt, Benedicto XVI ha en entrado en la parte de Europa, que, por los no tan  lejanos avatares históricos, se encuentra hoy día más alejada  del Dios a quien adoran y siguen las personas de buena voluntad, inclusive las que poco o nada han oído hablar de Jesucristo: el Dios para tantos desconocido,  pero que se sirve de la Ley Natural  del Amor y de la Libertad entre humanos  para despertar  las conciencias un tanto adormecidas por  el  pluralismo de confesiones y, más aún, por  los materialismos o el relativismo ambiente, llámense o no ateísmo militante.

Fue en Erfurt, la ciudad de Lutero,  en donde  el papa Joseph Ratzinger  mostró más respeto, contundencia y valor a la hora de definir lo que acerca o aleja a las personas de buena voluntad  (las otras, las de mala voluntad e, incluso, los tibios, difícilmente se dejarán arrastrar por algo distinto al odio o la visceral apatía).
Ante el presidente alemán Christian Wulff, católico, y la canciller Angela Merkel, luterana e hija de un pastor protestante, Benedicto XVI reconoció que “el pensamiento de Lutero, toda su espiritualidad, estaban completamente centrados en Cristo”.  La mayor parte de la gente, también de los cristianos, siguió diciendo el Papa, da hoy por descontado que, en último término, Dios no se interesa por nuestros pecados y virtudes. Él sabe, en efecto, que todos somos carnales. Si hoy se cree aún en un más allá y en un juicio de Dios, en la práctica, casi todos presuponemos que Dios deba ser generoso y, al final, en su misericordia, no tendrá en cuenta nuestras pequeñas faltas. Pero, ¿son verdaderamente tan pequeñas nuestras faltas? ¿Acaso no se destruye el mundo a causa de la corrupción de los grandes, pero también de los pequeños, que sólo piensan en su propio beneficio? ¿No se destruye a causa del poder de la droga que se nutre, por una parte, del ansia de vida y de dinero, y por otra, de la avidez de placer de quienes son adictos a ella? ¿Acaso no está amenazado por la creciente tendencia a la violencia que se enmascara a menudo con la apariencia de una religiosidad? Si fuese más vivo en nosotros el amor de Dios, y a partir de Él, el amor por el prójimo, por las creaturas de Dios, por los hombres, ¿podrían el hambre y la pobreza devastar zonas enteras del mundo?”

SS el Papa nos enseña que la recristianización vendrá más por contagio de amor y libertad que por dichos y argumentos más o menos racionales, mejor o peor hilvanados: “No serán las tácticas las que nos salven, las que salven el cristianismo, sino una fe pensada y vivida de un modo nuevo, mediante la cual Cristo, y con Él, el Dios viviente, entre en nuestro mundo. Como los mártires de la época nazista propiciaron nuestro acercamiento recíproco, suscitando la primera apertura ecuménica, del mismo modo también hoy la fe, vivida a partir de lo íntimo de nosotros mismos, en un mundo secularizado, será la fuerza ecuménica más poderosa que nos congregará, guiándonos a la unidad en el único Señor”. Ama y haz lo que quieras, viene a decir el Santo Padre con San Agustín.


viernes, 23 de septiembre de 2011

Realismo cristiano frente al relativismo del siglo XXI.

   Del viaje del Santo Padre, por tercera vez, a su tierra natal se ofrecerán crónicas para todos los gustos: "existe el viaje real, y el viaje que nos contarán los medios", ha advertido muy oportunamente el cardenal Walter Brandmüller.
    En la mañana de ayer, 22-09-2011, llegó el Papa a Berlín, siendo recibido por Christian Wulff. el presidente de la República, Angela Merkel, la canciller federal, y el gabinete ministerial en pleno. Y, por la tarde, según Zenit, “sorprendió hoy a los políticos alemanes reunidos en el Bundestag con la propuesta de lanzar un debate sobre si verdaderamente existe o no un orden moral objetivo en la naturaleza y en el hombre, que pueda considerarse fundamento de las leyes. El Pontífice quiso abrir el debate sobre si existe o no una ley moral natural, concepto aceptado universalmente hasta hace unas décadas, y que hoy, reconoció, “se considera una doctrina católica más bien singular, sobre la que no vale la pena discutir fuera del ámbito católico, de modo que casi nos avergüenza hasta la sola mención del término”.
    El Santo Padre no se ha mordido la lengua para hablar alto y claro sobre la esencia y carácter de ese  Realismo Cristiano que presenta a la Ciudad de Dios como un real ennoblecimiento de la “Ciudad de este Mundo”.  Es la hora de las personas de buena voluntad, las únicas que, de momento, abren los oídos y el corazón al compromiso por mejorar lo mejorable; sal de la tierra y luz del mundo, diseminadas por aquí y por allá con la “señal de Dios” en el alma, ese secreto reducto personal que solamente Dios conoce, pero que, a la vista de las obras de los unos y de los otros, nos invita a considerar a la Humanidad dividida en tres tipos de personas (no en “dos clases”, tal cual sigue dividiendo al mundo el periclitado Marxismo): las personas de buena voluntad, las de mala voluntad y las arrastradas y víctimas de la “corriente relativista”, las mismas que distraen a tantos y tantos políticos con lo superficialmente sugestivo, con lo inmediato de colorido alienante, con lo descomprometedor, con el producto de tres siglos de gratuita especulación filosófica, con sofismas o soflamas al estilo de “todos son iguales”, “el otro es malo, luego yo soy bueno”, “que lo arreglen los otros”….
    El Santo Padre piensa y obra como representante de Cristo en la Tierra, e, imbuído de realismo cristiano, vive empeñado en mejorar lo mejorable sintiéndose siempre necesitado de la fuerza del Espíritu y con la prudencia precisa para no desbarrar ante cualquier delicada o complicada situación: sin duda que está en este mundo sin ser de este mundo.
    Siguiendo a la prensa de estos días, vemos que,  ante el presidente Wulff,  el Papa realiza una cita significativa del gran obispo y reformador social Ketteler: "la religión necesita de la libertad así cómo la libertad tiene necesidad de la religión", y recuerda que la República Federal, surgida del trauma del nazismo y de la guerra, ha llegado a ser lo que es gracias a la fuerza de la libertad plasmada por la responsabilidad ante Dios y ante el prójimo.
    Dice el vaticanista Magíster que el discurso ante el Bundestag ha sido la tercera gran lección del pontificado, tras Ratisbona y París. Es verdad. Aquí el Papa teólogo nacido en Baviera ha mostrado toda la potencia de razón que posee la fe cristiana, ha roto todos los esquemas, ha descolocado a propios y extraños. Su gran tema ha sido el de los fundamentos éticos del Estado liberal democrático y lo ha desarrollado en un discurso chispeante, con guiños de humor a la bancada, pero con el aplomo, la densidad y la frescura de los grandes Padres de la Iglesia o de los grandes maestros medievales.
    En el templo de la democracia el obispo de Roma ha explicado que en la política "el éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho", porque sin esto, parafraseando a San Agustín, no hay diferencia entre el Estado y una cuadrilla de bandidos. Y no ha temido recordar lo que sucedió en ese mismo espacio durante el nazismo, cuando el Estado se convirtió en instrumento para la destrucción del derecho, para rendir homenaje a los combatientes de la resistencia que prestaron un gran servicio a la humanidad.
    Y el Papa lanza su primer gran desafío: "en las cuestiones fundamentales del derecho, en las cuales está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad, el principio de la mayoría no basta: en el proceso de formación del derecho, una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación". Entonces describe un momento crucial para la historia de occidente, cuando los teólogos cristianos rechazaron un derecho basado en la revelación divina y se pusieron de parte de la filosofía, reconociendo la razón y la naturaleza como fuente jurídica válida para todos.
   El Papa concluyó afirmando que la cultura en Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma, un encuentro que ha fijado los criterios del derecho, y defenderlos frente a un positivismo salvaje que nos hace ciegos y sordos a la vida en toda su riqueza, es nuestro deber en este momento histórico.
    La Europa de hoy no es ni puede ser la víctima de un nuevo Hitler, un  loco que, en inoportuna recreación del superhombre de Nietzsche,  se creyó a sí mismo por encima del bien y del mal, algo así como una especie de diosecillo imbécil, que sueña con ver a todo el mundo besándole los pies. Claro que la fuerza un tipo así descansaba en la multitud de los relativistas de entonces y en una cohorte de satélites de “mala voluntad” siempre dispuestos a venderse a la voluntad y caprichos del "amo", "caiga quien caiga".
    Ello es algo que quiso evidenciar y contra lo que nos previno el Santo Padre en su memorable visita al campo de concentración y exterminio de Auschwitz,  uno de los testimonios de hasta dónde puede llegar la degradación humana cuando reniega de la propia naturaleza hasta convertirse en verdadera bestia para los de su especie.

martes, 6 de septiembre de 2011

LA BELLEZA, CAMINO HACIA DIOS

El verdadero artista busca el más allá de lo que ven sus ojos  o perciben sus oídos: se deja arrastrar por el ansia de plenitud hasta el punto de que puede llegar a “maquillar” genialmente a la propia Naturaleza, en cuanto “no reduce los horizontes de la existencia a la mera materialidad”. Es lo que nos hace ver el Santo Padre Benedicto XVI, para quien el arte es “una puerta abierta hacia el infinito”.  Bien recordamos los españoles sus expresivas palabras al celebrar la Misa en la famosa Sagrada Familia de Antoni Gaudí en noviembre de 2010:  “Al contemplar la grandiosidad y la belleza de ese edificio, que invita a elevar la mirada y el alma hacia lo Alto, hacia Dios, recordaba las grandes construcciones religiosas, como las catedrales del Medioevo, que marcaron profundamente la historia y la fisionomía de las principales ciudades de Europa”.

Fue el beato Juan Pablo II quien, proclamó patrono de los artistas al beato fray Angélico, modelo de perfecta sintonía entre fe y arte. Este arte que, según nuestro actual Santo Padre, en sus diversas expresiones, es un “camino privilegiado” para encontrar a Dios al romper con los límites de la razón humana para perderse en lo ultrasensible e infinito: “Quizás os ha sucedido, nos dice,  que ante una escultura, un cuadro, o algunos versos de poesía o una pieza musical, sentís una íntima emoción, una sensación de alegría, percibís claramente que frente a vosotros no hay solamente materia, un trozo de mármol o de bronce, un lienzo pintado, un conjunto de letras o un cúmulo de sonidos, sino algo más grande”, un algo que “es capaz de tocar el corazón, de comunicar un mensaje, de elevar el ánimo”. Y ello porque una obra de arte “es fruto de la capacidad creativa del ser humano, que se interroga ante la realidad visible, que intenta descubrir el sentido profundo y comunicarlo a través del lenguaje de las formas, de los colores, de los sonidos”.  A través del Arte podemos percibir “la necesidad de ir más allá de lo que se ve por  sed y  búsqueda de lo que nunca muere: es como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano”. En especial, el arte sacro puede ser un “verdadero camino hacia Dios, la Belleza suprema”. “Hay obras de arte que nacen de la fe y que la expresan haciendo “vibrar las cuerdas de nuestro corazón”.  

Así lo siente y lo dice el Santo Padre para quien multitud de “cuadros o frescos, frutos de la fe del artista, con sus formas, con sus colores, con sus luces, nos empujan a dirigir el pensamiento hacia Dios y hacen crecer en nosotros el deseo de acudir a la fuente de toda belleza”.
Son vivencias suyas que nos quiere transmitir y por ello nos invita  a que la visita a lugares de arte “no sea sólo ocasión de enriquecimiento cultural, sino que se pueda convertir en un momento de gracia, de estímulo para reforzar nuestro vínculo y nuestro diálogo con el Señor, para detenerse a contemplar -en la transición de la simple realidad exterior a la realidad más profunda que expresa- el rayo de belleza que nos golpea, que casi nos 'hiere' y que nos invita a elevarnos hacia Dios”.

miércoles, 24 de agosto de 2011

LA FIESTA DE LA FE

   Por su interés para todos los católicos, reproducimos el artículo de Jesús Colina (Zenit, 22 de agosto de 2011):
   Entre los periódicos españoles que más han criticado en días pasados la visita de Benedicto XVI a España, se encuentra “El País”. Este lunes publicaba un editorial en el que calificaba la tercera visita de este pontífice a esa nación como “un éxito de participación como pocas veces puede verse”. El diario español de mayor distribución ratifica sus diferencias con las posiciones de la Iglesia en cuestiones morales, pero reconoce que el Pontífice ha realizado una auténtica “visita pastoral”.
    Y si éste es el balance de uno de los diarios más críticos con la Iglesia en España, la gran mayoría ha subrayado no sólo la masiva participación (los periódicos más tímidos hablan de 1,5 millones de participantes, mientras que otros registran dos millones), sino sobre todo la calidad (descrita en general con la fórmula “fiesta de fe”).
   “El Mundo”, otro de los diarios de mayor tirada, ha comenzado el artículo de balance final, firmado por José Manuel Vidal, con estas palabras: “Un viaje redondo, un éxito sin paliativos el de Benedicto XVI y del cardenal Rouco en la JMJ de Madrid 2011”.  Andrea Tornielli, corresponsal del diario “La Stampa”, de Turín lamenta en “Vatican Insider” que durante días los periódicos hayan dado más espacio a los “dos mil indignados” que protestaron contra la visita papal que a los dos millones de participantes.  Andrew Brown, de “The Guardian", publicó un artículo el 18 de agosto en el que reconocía que “si fuera católico, estaría bastante fastidiado con la BBC”, que dedicó sus servicios a las protestas de algunos miles, sin hablar ni siquiera de la Jornada Mundial de la Juventud. Un título de la web del histórico diario español “ABC” sintetiza el evento que presidió el Papa en Cuatro Vientos: “Dos millones de oraciones”. Por su parte, “La Razón", se refiere a este encuentro con el título: “Apóstoles para el siglo XXI”.
    Giovani Maria Vian, director del diario vaticano “L'Osservatore Romano”, ve parecidos entre esta visita y el viaje que Benedicto XVI hizo al Reino Unido (16-19 de septiembre de 2010).  Aquella peregrinación también estuvo “precedida por una serie de artículos prejudiciales y negativos, que luego dejaron lugar a un consenso casi unánime –y es un mérito indiscutible de muchos medios informativos británicos el haber sabido cambiar de opinión-- al subrayar la trasparente humildad del Papa y su capacidad gentil para dirigirse a todos, dándose a entender no sólo a los fieles católicos”.

Sorpresa internacional
    El día que más titulares arrancó en la prensa de todo el mundo fue la accidentada vigilia en Cuatro Vientos, que hasta aquel momento había dado holgado espacio a las manifestaciones de tipo laicista convocadas en Madrid, frente a los actos multitudinarios celebrados en toda la ciudad. “No podía ir mejor”, afirmaba un comentarista de la RAI; el Papa fue “aclamado por un océano de peregrinos”, según “Le Monde”. El “New York Times” admitía que se trataba de “una reunión sin precedentes”, que iba “mucho más allá de Sydney”. “El Universal” aseguraba que el Papa había “superado los pronósticos”. Entre los cerca de 4.700 profesionales del mundo de la información, como refiere Inma Álvarez, la jefa de redacción de ZENIT que ha coordinado la cobertura de esta visita, “creo que hay que destacar que lo que más les ha llamado la atención es la actitud de los jóvenes”. “No sólo ante las dificultades de la lluvia y el sol, sino también ante las manifestaciones contrarias. Los informadores han quedado impactados por la fiesta que había en las calles, por el civismo y la corrección, por la ausencia de incidentes, y por la actitud positiva de quienes no pudieron entrar en Cuatro Vientos por falta de espacio”, añade. Giovanni Maria Vian concluye considerando que estas jornadas han sido un “éxito reconocido por los medios de comunicación, sobre todo españoles”.  “Por mérito de los protagonistas, ante todo, es decir, de Benedicto XVI y su juventud, después naturalmente de los organizadores y, last but not least, de España: del rey Juan Carlos, con la familia real, del gobierno y de las diferentes autoridades”, concluye el director de “L'Osservatore Romano”.

martes, 9 de agosto de 2011

JMJ 2011, renovada lección de Amor y de Libertad

El Santo Padre, sucesor de Pedro, viene a Madrid del 16 al 21 de agosto a encontrarse con jóvenes de todo el mundo para, con muchos años de libre renuncia a tantas cosas para volcarse en el servicio a los demás, infundirles amorosamente el calor de la fe haciendo valer, por haberlo él vivamente experimentado, que el «tiempo de juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza».

SS Benedicto XVI viene hacia los jóvenes con inmensa satisfacción puesto que, tal como nos lo recuerda en su reciente libro “Luz del mundo”, «las jornadas de la juventud se han convertido en un auténtico regalo. Cuando pienso cuántos jóvenes encuentran en tales jornadas un nuevo punto de partida y viven después espiritualmente a partir de él, cuánta alegría queda después del evento, pero también cuánto recogimiento hay justamente en la inmediatez de la Jornada Mundial de la Juventud, tengo que decir que allí sucede algo que no lo hacemos nosotros mismos»

Las Jornadas Mundiales de la Juventud valen lo que valen porque representan una realista toma de posición en tanto en cuanto  «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»(Deus Caritas est, 1). Claro está que el Evangelio es bastante más que una doctrina o una filosofía: es seguir los pasos de Jesucristo hasta descubrir que no hay nada más hermoso que encontrarlo y estrechar la amistad con Él, clave decisiva para afrontar y encontrar respuesta a tantos graves problemas, desafíos, malestares presentes en la vida de los jóvenes de hoy: en particular los graves riesgos de superficialidad y banalidad propios de la sociedad de consumo, la falta de perspectivas claras para el futuro en un mundo donde crece el desempleo juvenil y la pérdida del esforzado entusiasmo por llegar a ser lo que pueden ser .

Éstos son días en los que, pese a tantos desengaños y banalidades, pese al empeño de unos pocos por desvirtuar lo más valioso de nuestras raíces históricas con forzadas tendencias hacia un laicismo radical con actuaciones políticas claramente contrarias a la Ley Natural (el aborto, la promoción del amor estéril, la entronización del capricho egoísta…), los católicos españoles –en buena parte,  gracias a la JMJ – redescubrimos nuevas lecciones de amor y de libertad con que superar la atrofia de tantas y tantas voluntades, que, en lugar de regodearse en la inanición, debieran empeñarse en la tarea  de buscar y aplicar todo lo necesario para resolver los propios problemas.

Es el  Papa quien no se cansa de recordar al Mundo que «se podrían enumerar muchos problemas que existen en la actualidad y que es preciso resolver, pero todos ellos sólo se pueden resolver si se pone a Dios en el centro, si Dios resulta de nuevo visible en el mundo, si llega a ser decisivo en nuestra vida y si entra también en el mundo de un modo decisivo a través de nosotros» (Homilía en la Misa concelebrada con los obispos de Suiza, 7 de noviembre de 2006) .«Quisiera, añade en otra ocasión,  que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros».

lunes, 25 de julio de 2011

EL SECRETO DE LA JMJ 2011 ES EL MENSAJE DEL PAPA

Lo ha dicho monseñor Rouco Varela, Cardenal-Arzobispo de Madrid:  El secreto del éxito de cada una de las Jornadas Mundiales de la Juventud ha sido y es el mensaje que antes Juan Pablo II, y ahora Benedicto XVI, han dado a la juventud de hoy.
El cardenal presidió el pasado viernes 23 de julio  la clausura del curso de verano “Los jóvenes y la Iglesia Católica”, organizado por la Universidad Rey Juan Carlos en Aranjuez, con una ponencia titulada “Tareas y caminos abiertos de evangelización de los jóvenes después de la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid”.
El arzobispo de Madrid, anfitrión de la próxima Jornada Mundial, afirmó, con palabras de Romano Guardini, que con la JMJ “un acontecimiento de extraordinaria trascendencia ha comenzado”.
El purpurado, que ya acogió, como arzobispo de Santiago de Compostela, la JMJ de 1989, quiso recordar aquel evento: los jóvenes “respondieron en el 89” y lo siguen haciendo desde entonces, afirmó.
En aquella ocasión, Juan Pablo II “invitó a los jóvenes a vivir la vocación y la misión de la Iglesia de forma directa, centrada en Jesucristo” con “un discurso directo, inmediato: Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida”.  Por eso, calificó de “secreto de la historia de las Jornadas Mundiales de la Juventud el mensaje directo y claro del Papa”.  “Eso produce un efecto en la vida de la Iglesia”, que es el nacimiento de “una generación joven, identificada con la fe vivida en la comunión de la Iglesia”.
“Nos encontramos con nuevas realidades, como nuevas formas de vida consagrada, nuevos modos de implicación de los seglares en la vida de la iglesia...”. Y es que “la Iglesia tiene que actualizar su novedad constantemente, porque ella es nueva siempre”.  Para el cardenal Rouco, “la evangelización es la palabra clave. Es lo que anima a la JMJ de Madrid”.
En este sentido, ha apuntado como “metas y caminos posteriores” a la Jornada que “los jóvenes que están en la Iglesia se afiancen en su fe y en vivir comunión con la Iglesia”, “reforzar, profundizar y extender la pastoral vocacional, comenzando por el sacerdocio”, y siguiendo por “la vida consagrada” y la vocación “al matrimonio y la familia cristiana”.  En esta línea, ha manifestado su deseo de que “no saliese nadie de JMJ sin encontrar su vocación”.
Para el Cardenal, con las JMJ surgen “nuevos caminos” de evangelización, y una “apertura de los ámbitos propios para los jóvenes en las parroquias”, así como una revitalización de “la experiencia viva y contemplativa”.
Concluyó afirmando que “la JMJ es una gran expresión de la vida de la Iglesia. Estamos ante un acontecimiento nuevo de la vida de la Iglesia” (Texto tomado de ZENIT)

martes, 19 de julio de 2011

SOLO PECAN LOS TONTOS

Cuando grandes sabios de la antigüedad, sin haber conocido al Cristianismo, sostenían que la verdadera sabiduría consistía en vivir de acuerdo con las exigencias de la propia condición humana, venían a decir que el pecar es una solemne majadería. Seguro que así lo han interpretado grandes santos como Agustín de Hipona cuando, luego de habar pasado por diversas etapas de majadera obsesión, define la razón de nuestro ser y especial vocación con la categórica afirmación de “nos creaste señor para Ti y nuestro corazón vive inquieto hasta que descansa en Tí”. Es como si dijera, ¡qué de tonterías hacemos cuando pecamos y, al precio de poco más que nada, nos alejamos de Dios! ¿Podemos traducirlo por la constatación de que los pecadores somos más o menos tontos en tanto en cuanto más o menos nos alejamos de Dios?.

Recordemos cómo el Maestro nos da una magistral lección de sabiduría divina y, también, humana con su parábola del Rico Epulón, un pobre rico tan corto de cerebro que creía lograr el máximo de la felicidad comiendo como un cerdo y bebiendo hasta agotar sus reservas  ¿no sabía el redomado tonto que los bienes materiales en exceso no producen más que hastío hasta que viene la muerte y nos coge con el pie cambiado? Todo ello mientras que Lázaro, el sabio de la parábola, vive en el amor y la libertad, es decir, en la felicidad asequible a los que ajustan su conducta a la voluntad de Dios. Procura no pecar y, por lo tanto, se esfuerza por entender el sentido de la propia vida: lo poco que llega a saber es, precisamente, lo que más conviene a su propia naturaleza y, por lo tanto, disfruta de la felicidad asequible todos los que, con buena voluntad, buscan lo mejor de lo mejor para sí mismos y el prójimo.

¿De qué te sirve ganar todo el mundo si pierdes el alma? fue la pregunta con la que San Ignacio de Loyola puso a San Francisco Javier en el camino de la verdadera sabiduría. Efectivamente, tal como ha dejado escrito el poeta Leonardo Castellani, “La ciencia más consumada/ es que el hombre en gracia acabe/ porque al fin de la jornada/ aquel que se salva, sabe/ y el que no, no sabe nada”.